Reseña: Los Mundos de José Manuel Balta

portada de "De Lunes a Marte"

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 El famoso escritor de ciencia ficción y científico Isaac Asimov (el buen Doctor) solía decir que escribir una obra literaria con sencillez era una buena elección. De esto habían dejado constancia algunos otros escritores del género como el poco estudiado, pero conocido por los fanáticos, Clifford D. Simak, maestro del maestro: es mejor crear un texto a base de descripciones, acciones y simbolismos apropiados, atrás deben quedar las ampulosidades y los excesos verbales. El buen doctor Asimov también mencionaba que los escritores tenían la mala idea de que redactar con un lenguaje desmesuradamente verboso y exuberante podía tomar desprevenido al lector y podía hacerle creer que estaba ante un excelente escritor. Opino que todo depende del gusto del receptor, uno preparado, por supuesto. Como lector que soy —y me considero uno constante y entrenado— podría decir que todo modo de escritura es válido, siempre y cuando no se atente con la integridad de aquello que se quiere contar. Veamos por ejemplo a Lovecraft, con su lenguaje oscuro y adjetivación frondosa, a Kipling con sus juegos verbales en ciertas ocasiones o con sus descripciones exactas en otras, o a Clemente Palma, con su lirismo exclamativo e ingenioso propio de su época (y que sigue gustando a cada generación de adeptos a Lo fantástico). En este caso, a pesar de ser un gran admirador del lenguaje intrincado y difícil (estoy hablando como receptor) debo darle gracias a Asimov por enseñarme el camino y saber cómo debo escribir mis propios textos y cómo podría hacerlo un escritor que recién se inicia en las lides de este difícil arte que es la narración corta. En un cuento no podemos darle muchas vueltas al asunto, no podemos andarnos con rodeos. Cabe decir que Asimov fue muy criticado por su lenguaje (cierto amigo me comentó que al buen doctor lo acusaron muchas veces de tener un estilo descuidado), pero también Lovecraft fue atacado por su estilo excesivamente frondoso, entonces, ¿cuál es la verdad acerca de este polémico tema que es el manejo del lenguaje literario? ¿Cuál es el tipo de forma que merece atención de la crítica? Prometo abordar este difícil tema algún día. Dejémoslo ahí por el momento. Lo único que importa es, como ya he dicho, la opinión del lector. Un lenguaje claro clarifica la mente y no fatiga. Engancha al receptor y lo seduce para seguir leyendo. Esto viene a colación a propósito del comentario literario que a continuación viene.

José Manuel Balta es un joven narrador peruano que forma parte de la nueva hornada de escritores que han escogido la vertiente fantástica para poder expresar su voz artística. No es mi intención colocar a un cierto número de narradores dentro de un grupo determinado que bien podría distanciarse de otros jóvenes literatos que publican cuentarios y novelas dentro del género realista, pero a fin de crear un cierto orden dentro del ambiente literario es que me arriesgo a mencionar que entre el año 2010 y el presente ha surgido un grupo de muchachos y muchachas que han publicado libros de relatos y novelas y muchos de ellos han empezado a publicar textos breves en diversos medios virtuales y físicos, como el fanzine El horla (publicación peruana que se dedica exclusivamente al género de la imaginación), demostrando con ello que su incursión en el arte escrito no es casualidad ni coincidencia, sino una cuestión de vocación verdadera. Mencionaba que me es un tanto tormentoso encuadrar a todos estos narradores dentro de una misma esfera ya que me es imposible saber cuántos de estos jóvenes conseguirán escribir una obra ubicada dentro de la Literatura General en el futuro, lo que si es innegable es que la gran mayoría de ellos se han introducido de lleno a la Literatura Fantástica, es más, algunos prometen continuaciones de las obras que han publicado, como las sagas a las que nos tienen acostumbrados los grandes escritores mundiales de fantasía. Sobre este interesante punto ahondaré más en la futura reseña de un libro que precisamente se inscribe dentro de esta llamativa opción comercial.

De Lunes a Marte consta de trece relatos, todos interesantes y bien narrados, los cuales se vuelven deliciosos debido a la multiplicidad de temas que cuentan con cierta originalidad en un par de ellos. El cuento que da título al libro es la historia de un moralista joven que encuentra un misterioso texto, el cual devela una extraordinaria verdad acerca de la humanidad. La angustia del personaje se conecta con la del lector debido a que el primero tiene una misión muy difícil de realizar. Es interesante notar en este cuento una enorme “brecha” entre las primeras partes del relato y el fragmento final, en este espacio pudo desarrollarse una historia más amplia, una novela tal vez. Quizá el autor se decida a narrar en el futuro la guerra entre los defensores del medio ambiente y las compañías contaminantes. En El umbral del universo podemos notar al narrador omnisciente que, al igual que en el texto anterior, cuenta todo como una crónica, de manera muy rápida, a fin de crear un contexto adecuado para el sorprendente final. Este relato puede insertarse dentro de la vertiente fantacientífica de los viajes espaciales, aunque con un toque de decepción. La habitación clausurada mantiene la línea de las dos historias anteriores. Aunque es una ficción de premisa lovecraftiana, deriva en una inesperada vuelta de tuerca que, pese a todo, no sorprende demasiado. La condena del ermitaño conjuga elementos de ciencia ficción y fantasía consiguiendo un fascinante desenlace que se enlaza a la siempre exuberante mitología griega. Nótese aquí una fusión de géneros que trasciende las dos vertientes de la imaginación, uniéndolas de forma armoniosa. Micaela es cuento ciento por ciento fantástico acerca de la pérdida de la identidad, dos fuerzas luchan en el interior de un joven, una de ellas es diabólica, solo la energía pura de una noble muchacha podrá combatir el mal. El manzano es el segundo gran relato del libro, se funda aparentemente en la ciencia ficción por la inicial amenaza biológica que atenta contra un muchacho. No obstante, el cierre del cuento retoma un tema bíblico muy conocido que crea una multiplicidad de lecturas. La hija del mar es el mejor texto del cuaderno. Esta breve historia, narrada a manera de cuento de hadas, provoca en el lector una suerte de emociones bien definidas. El giro en mitad de la trama resulta notable, pero más eficaz aún es el conflicto final, la fusión de la chica con el mar debido a una pena intolerable. El personaje de Brisa permanecerá en nuestras mentes y corazones de modo duradero. El estruendo de los Amaruru es una narración inclasificable que se desarrolla en un ambiente de leyenda. El torturador es un brevísimo texto de horror con un final que se decanta hacia la mitología cristiana. Despertando de la penumbra es otro cuento que toma la fantasía heroica, el ambiente tribal, el guerrero y la misión a cumplir. Una noche en el camino es el tercer gran relato del libro, aunque el planteamiento no es original (autores como Robert A. Heinlein y Poul Anderson ya han desarrollado el tema del “superser” que vive en nuestra realidad sin ser detectado por los seres humanos por causa de su magnificencia); no obstante en el cuento de Balta el enfoque es tan original que el relato deslumbra. ¿Acaso Dios en su afán por salvarnos de las catástrofes solo consigue lastimarnos debido a su inconmensurable tamaño? La respuesta se encuentra en la última línea. El pájaro humano es un texto reflexivo que sorprende sobremanera (por enésima vez) con su logrado desenlace, un homenaje a Asimov. En Aquella noche en el Jirón Quilca, última narración de la obra, el final también consigue noquear al lector. En suma, un interesante libro que nos revela a un escritor que promete.

Balta, José Manuel. De Lunes a Marte. Lima: Editorial Casatomada, 2011. 85 pp.

 —Carlos Enrique Saldivar

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