RESEÑA: Mumbo Jumbo

mumbo jumbo

portada

Mumbo Jumbo

Autor: Ishmael Reed

Increíble encontrar esta novela, entre los tantos remates de las librerías de viejo del jirón Quilca en el centro de Lima, a un precio irrisorio que contrasta con lo cuidado de su edición, en tapas duras, nada menos.

Y luego del arrebato sensual que provoca un libro bien editado, el sumergirse en una trama de esas que cambian la visión del mundo que conocemos, literalmente, del blanco al negro.

Por que nos encontramos frente al relato de una lucha, una lucha que lleva milenios, iniciada por un dios Osiris que se asume como un negro (sic)  lleno de magia y sabiduría, portador de un secreto que, a pesar de compartirlo con la humanidad, es silenciado y ocultado por Seth, su hermano, acaso el primer represor de la historia. ¿Una revisión del mito egipcio? Puede ser, pero es una revisión que nos introduce de lleno en la historia negra, o de los negros (luego de leída la novela, se hace difícil utilizar expresiones tan desteñidas como “afroamericano” o similares), impregnados de naturaleza y sabiduría intuitiva, felices civilizadores de una África en la que se encuentran vestigios de grandes reinos como Benin o Egipto; portadores de la clave que les permite comunicarse con otras entidades (que en el vudú haitiano se conocen como loas, espíritus o fuerzas que momentáneamente poseen a sus servidores), tan poderosas como incógnitas, conocidas y al mismo tiempo temidas por la civilización occidental, heredera (en su aspecto más seco y estéril) de los atonistas del antiguo Egipto, los inventores del dios único, exigente y monocorde. Los atonistas, en suma, que quisieron borrar de la memoria de los hombres la algarabía, el color y el jez grew.

Este jez grew es la imposible transcripción fonética de una fuerza que, desatada en ciertos lugares de los Estados Unidos de los años veinte, lleva a la gente a bailar con manifiesta exhuberancia, con una fuerza que la sociedad blanca, anglosajona y protestante considera, cómo no, obscena y decadente, y que por lo tanto debe reprimir y eliminar. Pero no se trata tan solo de salvaguardar la “moral y las buenas costumbres”, sino de la misma razón de ser de la cultura occidental, basada en los principios de los atonistas (del dios solar Aton, culto creado por el faraón Akhenaton con la pretensión de acabar con el politeísmo egipcio). Algunos personajes se quitarán la careta para mostrar sus verdaderas y sorprendentes personalidades: un caballero templario que sigue vivo a pesar de haber participado en las primeras cruzadas (!), o miembros de órdenes de caballería medievales que superviven en la actualidad bajo la fachada de magnates de la industria o del periodismo. Juntos, estos “cruzados” tratarán de impedir que el virus de la jez grew se expanda por el mundo, iniciando una serie de acciones que van desde la intervención militar en Haití (temida por la capacidad atribuida a algunos de sus moradores de contactar con fuerzas y entidades no humanas, escondiéndose este conocimiento bajo la forma del vudú y otras prácticas provenientes del África ancestral), hasta la búsqueda y creación de un fantoche cultural, un “negro civilizado” (léase “un negro que se porta como blanco”), suerte de homúnculo o golem cuya misión consistiría en ofrecerse como modelo para las masas, capaz de contrarrestar los efectos de la jez grew.

Si sumamos a esto la búsqueda de un libro mítico, en el cual Thot, amanuense del negro y sabio Osiris habría escondido la clave para dominar los poderes de los “otros”, tenemos que Ishmael Reed ha escrito una fascinante y fantástica “historia oculta del mundo”, pero no al tenor de las simplonas teorías conspiranoicas que suelen difundirse por ahí, sino una historia que nos revela un eterno conflicto que va más allá de lo conocido, un conflicto que involucra el empleo de fuerzas desconocidas y la intervención de entidades no humanas,  que algunos han aprendido a contactar, pero cuya verdadera naturaleza y propósito para con los seres humanos sigue siendo materia de especulación.

La historia de la humanidad es reescrita, desde una perspectiva basada en la cultura negra africana. El Moisés bíblico, por ejemplo, es desenmascarado y convertido en un oportunista aprendiz de hechicero, egocéntrico y desleal con su suegro, el negro Jetro, quien lo ha iniciado en sus misterios. Las representaciones cristianas de la Virgen y su Hijo se reinterpretan a la luz de la leyenda de Isis y Horus, así como se nos revela el verdadero origen del misterioso baphomet, ídolo descrito en los procesos contra los templarios, orden monástica – militar cuyos miembros fueron exterminados casi en su totalidad al ser acusados de brujería y otras prácticas (es decir, aprender los conocimientos ancestrales de las antiguas culturas africanas, que por supuesto, utilizaron para su beneficio).

Quien sabe, y Mumbo Jumbo haya sido una advertencia respecto a un saber que, bajo la máscara de la superstición y el primitivismo, encierre una fuerza que espera reconectarse con lo humano. Desde esta perspectiva, es difícil no establecer ciertos paralelismos con Snowcrash de Neal Stephenson, Conde Cero de William Gibson y La verdad sobre Dios y JBA, del peruano José B. Adolph; novelas en las que lo que consideramos primitivo  y superado por la historia, no hace más que esperar su momento para volver, utilizando como vehículo lo más moderno de la cultura humana. Una paradoja que sólo la mejor ciencia ficción puede manejar.

por Daniel Salvo

 

Imagen de portada hallada en goatmil (aquí)

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