Artículo: Energía y Techo Energético, por Luis Bolaños

Reactor Nuclear

Desde los lejanos días cuando el servicio secreto intervino la edición de Astounding por incluir entre sus páginas el famoso relato de Clive Cartmill hasta el instante en que Díaz Hochleitner, tercer presidente del club de Roma arremetía contra los opositores a la energía nuclear y explicaba así las variantes: 

“…el número de víctimas por accidente nuclear no es comparable con el producido por otras industrias energéticas… El problema de la energía puede ser planteado en los siguientes términos: con todos los males que trae consigo, y que nosotros no negamos, la energía nuclear es una amenaza mucho menor que la catástrofe del “efecto invernadero” que ya hemos puesto en marcha. Eso es de tal gravedad que, de no tomar medidas, dentro de 50 años la tierra se tornará un verdadero infierno para los que en ella vivan. En este sentido decimos que hay que reestudiar la alternativa nuclear. Y la decisión de optar o no por ella no podrá ser una decisión política, sino una decisión que se apoye en la actualidad del conocimiento más sofisticado en este campo… lo más deseable es que no haya necesidad de utilizarla nunca, principalmente por el difícil problema de los residuos… tenemos que acelerar las investigaciones para unas energías baratas, limpias y seguras. Y eso es la energía de fusión”. (El Independiente 29/09/91)

Habían transcurrido casi cinco décadas de encuentros y desencuentros sobre opciones energéticas que quedaron registradas de diversa manera en el género. En los 50′ Lester del Rey nos había sacudido con “Nervios”, David Duncan con “El planeta negro” nos mostraba los peligros de la antimateria y E.C. Tubb en “El mundo en peligro” sin aludirla por su nombre nos mostraba como la materia oscura devoraba al planeta despertada por un experimento descontrolado. No obstante, se daba por sentado que la energía nuclear o la de fusión serían las elegidas, ya fuera para impulsarnos a la conquista del espacio o para demoler la civilización bajo el impacto de miríadas de bombas-A.

El interrogante era ¿Cómo llegamos a una declaración que proviniendo de un miembro del club de Roma podría considerarse un exabrupto? y que tanto lectores como autores de CF sustentarían en mayor o menor grado por el agotamiento sucesivo de los paquetes energéticos a los que se ido recurriendo; el humano y su labor productiva, la leña, las bestias, el agua, el viento; finalmente el carbón y el petróleo, provisión barata y opípara (pero no reciclables). Las ciudades y las fábricas se fundaron al lado de las minas, el motor a vapor fraguó una alianza indestructible con el carbón permitiéndole al “hombre fáustico” victoriano, pionero de la “revolución industrial” domeñar el orbe. Bermúdez Castillo nos presentaba un planeta bajo esas circunstancias en Viaje a un planeta Wu-Wei.

El petróleo y similares se derramaban incontenibles en sucias oleadas sobre la estructura del capital, lubricando y nutriendo. Altamente contaminantes y muy baratos, parecía que no se terminarían nunca. La crisis petrolera del 73 se convirtió en una dolorosa campanada de alarma. El horizonte empezó a madurar para descentralizar efectivamente las fuentes energéticas y disolver el monopolio de las “7 Hermanas”, buscando nuevas energías, renovables, cristalinas, inextinguibles como la luz del sol o el hidrógeno o el agua pesada (deuterio o tritio). Pohl con su característica olfato por los problemas energéticos ya había apuntado acertadamente en Guerra Tibia.

 El inconveniente, no contemplado en el ciclo de innovación tecnológica, consiste en que muchas de esas tecnologías ya imaginadas y en etapa experimental, no estarán listas hasta dentro de tres decenios para su utilización masiva. El experimento exitoso de fusión nuclear en Inglaterra en noviembre de 91 duró segundos y disipó un formidable raudal de energía en tan diminuto lapso; pero, las centrales viables -lastradas además por el estigma de la concentración y la gran escala que estamos empezando a abandonar-, apenas estarán instaladas y serán operables a partir de 2040. Se señala que un poco más pronto, por medio de otras métodos tecnológicos, dentro de unos diez años se logrará dispersar centrales en la Luna que absorberán energía solar continuamente para enviarla a la Tierra en forma de electricidad con la ayuda de micro-ondas. Dispositivos de varios kilómetros cuadrados (40 para una ciudad como Nueva York) esparcidos por todo el planeta e instaladas en las zonas agrícolas e incluso en las marismas recogerían esta electricidad emanada desde la Luna y la distribuirían a través de tendidos tradicionales de manera autónoma, lo que quizás impediría apagones generalizados como el del 14 de agosto en Norteamérica. Un escenario que podría llegar a ser global en 2050. 

Mientras ese próximo ciclo energético adviene, transitaremos por “terra incógnita”, esa que en los mapas de la época de las grandes exploraciones se signaba con el rótulo “Aquí hay leones… o dragones”. Afrontamos un dilema, incrementar la energía utilizada en producir a lo largo del tiempo, lesiona la capacidad mostrada por los ecosistemas para autorregenerarse y de la biosfera global para mantener dentro de rangos determinados, mas o menos estables, la temperatura. Lo paradójico es que las soluciones sugeridas y que poseían las mayores potencialidades empiezan a ser cuestionadas antes de ponerse al servicio del público: Se señala que la economía del hidrógeno, que parecía invocada para instituirse como modelo energético del siglo XXI, puede ser más nociva para el ambiente que la economía de los combustibles fósiles, según un modelo teórico desarrollado por científicos del MIT, ya que con las actuales técnicas de producción, almacenamiento y transporte, la sustitución de una economía por la otra originaría fugas en la atmósfera de entre un 10% y un 20%. El panorama diseñado es el siguiente: el hidrógeno, que es un gas ligero, alcanza rápidamente la atmósfera triplicando el número de moléculas presentes y reacciona con el oxígeno para formar agua. En la estratosfera, la multiplicación de las moléculas de agua perturba la química del ozono y provoca una ampliación del agujero que ya se ha creado sobre los polos. El hidrógeno sería especialmente perjudicial para la capa de ozono, que perdería un ocho por ciento adicional de su densidad en este escenario de uso masivo de pilas de combustible.

 Los datos sobre el “efecto invernadero” presentan tal cúmulo de videncias que sólo resta planificar para enfrentar las catástrofes venideras: El calor registrado a finales del siglo XX coincide con las mayores concentraciones de gases en la atmósfera y resultados de investigaciones recientes, realizados a partir de indicios fósiles y sedimentos marinos (Climatic Research Unit, de la Universidad de East Anglia, Norwich, UK), establecen que el calentamiento global que padece el hemisferio norte no tiene precedentes y que está asociado a la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera, lo que priva de argumentos a los gobiernos reacios a suscribir el Protocolo de Kyoto, la temperatura global de la Tierra en los últimos 2.000 años ha aumentado al compás de las actividades humanas, pero la amplitud del calentamiento del clima observado desde hace treinta años en el hemisferio norte supera ampliamente a la escalada de la temperatura registrada entre los años 800 y 1400 de nuestra era.

El ahorro ante la sangría y el despilfarro del norte es imprescindible, verbigracia: se volatilizan 22.000 calorías vegetales para conseguir 270 calorías cárnicas (guarismos hallados por David Pimentel, de la Cornell University), de allí la necesidad perentoria de modificar la dieta de los derrochadores; mas para evitar el decaimiento del rendimiento no queda otro remedio que ascender la espiral de la complejidad hacia una tecnología mas eficaz. Un proceso de cuya letalidad no podemos evadirnos, y que vendrá a cobrar los excesos en una forma que aún no imaginamos, pero que hipótesis como Gaia prefiguran draconiana contra la especie humana. Haldeman en “Paz interminable” aborda desde el ángulo de la intervención militar y el control de espacios políticos e informativos el tema culminando en una de las revoluciones más originales descritas por el género en los noventa como manera de salvarnos del desastre; la Radio de Darwin apunta, mutación mediante, en dirección similar: sólo un milagro parece que podrá salvarnos.

El camino seguida hasta aquí por el capital está a punto de cerrarse, techos ecológico, energético, etc. lo acosan por doquier. Compatibilizar el Norte Industrializado y el Sur devastado, -si creemos lo que la ciencia demuestra: que pertenecemos a la misma especie-, conduce hacia una nueva tecnología, una nueva ética y un nuevo sistema socioeconómico. El resultado, mixtura de suerte y habilidad, se conseguirá luchando contra la adversidad con mayor vehemencia, pero al mismo tiempo con mayor tolerancia y fraternidad.

Imagen: Nuclear Power por exquisitur

Anuncios