RESEÑA: CIBERIADA (STANISLAW LEM)

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Por Isaac Robles

En la prolífica y siempre provocadora obra de ficción científica del Maestro polaco Stanislaw Lem (1921-2008),  pocos textos han sido revestidos de tanta y –al mismo tiempo- tan poca importancia como La Ciberiada.  Una brillante colección de relatos, que junto con Fábulas de Robots, conforman el rico universo diseñado alrededor de las peripecias de dos personajes extraordinarios: los legendarios inventores –o constructores, como se suelen autodenominar-  Trurl y Clapaucio, quienes aparecen por primera vez en la Colección de Relatos: Fábulas de Robots.

Escrita en 1967, esta brillante obra parte del supuesto de la viabilidad de la Inteligencia Artificial y su expansión como forma dominante “de vida”, derrotero señalado por otros expertos vinculados más bien a la ciencia que a la ficción, tales como Hans Moravec.

Esta colección de relatos se encuentra ambientada en un tiempo –o en una región del universo, lo suficientemente amplio siempre-  donde los seres humanos (llamados Rostropálidos por los Robots) no son más que una especulación mitad teórica mitad legendaria, y donde, obviamente, como respuesta a esta afirmación, existe una teoría elaborada acerca de la génesis y evolución  de los mecanismos robóticos e intelectrónicos, pasando por el hito del primer autómata inteligente (llamado en la obra el autómatus sapiens)  Y claro, dado que hasta cierto punto es mucho más difícil creer en la creación que en la evolución espontánea  (máxime si las “evidencias” de ello sean confusas y prácticamente inexistentes) y se asemeja considerablemente a nuestro imaginario de los cuentos de hadas, repleto de reinos, reyes, princesas, dragones (aunque estos ameritan una explicación particular que es el motivo de uno de los relatos)  y ciudadanos ordinarios, una edad media robótica donde todo convive: creencias religiosas y teorías evolutivas, mitos y  tecnologías alucinantes que parecen conjuradas sin explicación alguna, entre otros muchos elementos.

Narrada como una serie de episodios puntuales y autoconclusivos, aunque con lecciones que van perdurando a medida que avanzamos en el texto,  la Ciberiada nos narra las peripecias de la dupla inventora, en quienes se pueden ver reflejadas, al mismo tiempo, las ambiciones del científico y del empresario, en suma, poco tienen de diferente nuestros dos insignes personajes a los actuales entrepreneurs tecnológicos, al menos en lo esencial: el ansia natural de crear como respuesta a los desafíos del conocimiento así como la evidente necesidad de ser bien compensados por ello. Aunque a veces tal compensación puede no ser tan satisfactoria como a nuestro dúo de inventores podría parecerles. Sin embargo, esta combinación de inventores suelen salir bien librados de sus diversas aventuras, en las cuales siempre encontraremos la tan celebrada mezcla de elementos que le dan forma a la literatura de Lem: Un sentido del humor que no deja títere con cabeza, un notable ingenio técnico y una inevitable voluntad por el asombro.

Así, vamos viendo en los diversos relatos como este particular ingenio arroja su luz sobre temas vitales de su tiempo como La Guerra fría (La trampa de Garganciano) La posibilidad no de la inteligencia artificial, sino de la Creatividad artificial (El Electrobardo de Trurl) o ¿cuán monstruosamente  inteligente puede ser una creación? (la oferta del Rey Cruelio) o acerca de la inexistente disciplina de la Neántica, que estudia no lo existente, sino lo inexistente y como el afán de estudiarlo lo acaba creando, con resultados insospechados (Los Dragones de la Probabilidad)  La irreversibilidad del amor y los problemas derivados del aumento de población (Excursión Cuarta, con el Mujerotrón y los lanzaniños) La irresponsabilidad de los gobernantes y los juegos que a fuerza de perfeccionarse, se hacen reales (las Travesuras del Rey Balerión) Los peligros de la Burocracia para cualquier sociedad (La consulta de Trurl) La utilidad de la información y su diferencia con el conocimiento y la sabiduría (El demonio de segunda especie) o ¿cuándo una simulación es tan buena que se vuelve real? (Excursión sétima) y más allá, creando historias dentro de las historias (las máquinas fabulistas) donde pese a no tener la chispa de las excursiones, se plantean temas bastante profundos: el poder de la estúpidez (o la maldición de la inteligencia) El dilema cartesiano revisitado (¿sueño o realidad? Como un tonto rey comprobará) y la inutilidad de la sabiduría (o cómo, a falta de un Dios existente, haría falta crearse otro y cuán irrelevante es ello) y finalmente, como las “soluciones” para conferir la felicidad no parecen funcionar nunca (Altruicina).

En resumen, una plétora de temas ejecutados de manera genial, con una prosa llena de matices e ingenio y no exenta de destellos de sabiduría.

Por todo esto, La Ciberiada es, en mi opinión personal, una gran obra que merece mucho más reconocimiento que el que ha recibido, y a la que da gusto volver a leer, incluso en estos tiempos tan “avanzados”.

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