«Big Data» y Complejidad: ¿El inicio de la Psicohistoria?

Anglo saxon crystal ballUna de las preocupaciones más manifiestas del maestro Asimov en su saga de la Fundación era la aplicación de modelos (esto es, algoritmos que nos permiten interpretar y proyectar el comportamiento de un sistema en función de los datos históricos existentes más un cierto grado de tendencias o incertidumbres que pudieran introducirse) al desarrollo histórico-social podría, en las manos correctas, reducir el riesgo de extinción de la humanidad como especie y, al mismo tiempo, hacer más llevaderas las transiciones de fase entre eras o civilizaciones, dado el carácter hasta traumático de dichas transformaciones, que, de la mano del insigne Hari Seldon, llamaría «Psicohistoria».

asimov

El maestro Asimov

Tal como la concibió Asimov, la «Psicohistoria» podría describirse como la ciencia que se ocupa de la predicción histórica en función del estudio de las condiciones de las personas y la civilizaciones, con el propósito implícito de optimizar la evolución histórica y preservar en la medida de lo posible las riquezas culturales de las civilizaciones y para su implementación en los hechos, dos grupos humanos que actúan de manera aparentemente independiente: La Fundación de Terminus, como naciente imperio comercial y la Segunda Fundación de Trantor, de una finalidad esencialmente política, mediante la aplicación sutil de capacidades mentales superiores (Telepatía) inducir a los actores a mantener la trayectoria determinada por los cálculos de Seldon, que se reflejan en la computadora llamada «primer radiante» que expresa proyectando sobre todo el volumen circundante las complejas ecuaciones (¿Matemáticas? ¿Estadísticas?)  que sostienen la ciencia psicohistórica y su propósito último.

Ahora, retrotrayéndonos veinte mil años atrás, al presente… las ideas de Asimov han servido de inspiración y como referencia para algunas investigaciones que están produciendo resultados que nos llevan hacia una nueva configuración del mundo y que podrían aproximarse hacia el futuro avizorado por el Maestro.

Robots y Autoritarismo

Recordando un poco el universo asimoviano, en particular los libros que expanden el universo de la “Fundación” vemos que el proyecto psicohistórico es en realidad la tapadera de un proyecto mucho, ideado por los robots para convertir la galaxia en un sólo organismo de conocimiento, convenciendo al humano Golan Trevize de acoger el proyecto mediante una exposición previa de los diversos errores de la sociedad humana en su expansión por el cosmos, incluyendo el radiactivo páramo en el que se convirtió el planeta madre, consta decir además que, políticamente hablando, Asimov nunca menciona algún otro sistema o propuesta de gobierno que no sea el Imperio (llámese como se llame) y la poca o nula creencia en los sistemas democráticos, los Robots (o el infame R. Daneel Olivaw), con su famosa “ley cero” se erigen en ángeles vigilantes sobre la humanidad, aunque enarbolando el siempre controvertido concepto de Servir al hombre, que admite demasiadas interpretaciones para ser tomado realmente en cuenta.

El “límite de predictibilidad” y los modelos

Para que la psicohistoria funcione, debe ser capaz de interpretar la información histórica existente y emergente, valorarla y a partir de esto, obtener información relevante para, ajustando ciertas variables (mediante acciones individuales) orientar la tendencia de desarrollo hacia el escenario (o futurable, de acuerdo a la escuela francesa de prospectiva) que se consideraba óptimo.

Veamos… ¿qué tan cerca estamos del propósito asimoviano? Al parecer, bastante cerca. Aunque no necesariamente por las mejores razones.

Siempre ha sido del interés de los gobiernos de las naciones, en particular las más desarrolladas, el desarrollar métodos para anticipar las posibles turbulencias futuras y desarrollar acciones de contingencia en defensa de los intereses domésticos. Aunque, en ese sentido, hemos ido de agoreros, astrólogos y adivinos de diferente cuño a sofisticados modelos matemáticos y estadísticos, de tal suerte que en buena parte, todo nuestro aprendizaje de comprensión sobre el mundo se relaciona con la forma en la que absorbemos, interpretamos y ejecutamos esos modelos. Y esta guisa, hay algunos detalles a considerar:

  1. ¿Qué tan certeros son los modelos construidos para describir el comportamiento del sistema en cuestión? ¿En qué nivel se puede describir más óptimamente los resultados de este?
  2. ¿Cuán “fértil” es el modelo? esto es, ¿con qué facilidad se puede transportar y aplicar a otros modelos mediante analogía o aproximación?
  3. Puede considerarse la totalidad de fenómenos dentro del sistema en el modelo? ¿Bajo que condiciones este funciona?

La ambición asimoviana se encamina a responder estas tres preguntas y subsumir dentro de un enfoque totalizador (la psicohistoria) el conjunto de estos modelos, de tal suerte que los resultados globales históricos emerjan.  Y en esto, nos encontramos con un letal enemigo a vencer: el caos.

Y no, no estamos hablando del desorden indiscriminado (que es estadísticamente tratable) ni de la ausencia de reglas, sino de la considerable dependencia de los sistemas a las condiciones iniciales donde se estudia el fenómeno, esto debido a las complejas interrelaciones entre los elementos. Estas interrelaciones forman estructuras y reacciones imprevisibles en al superficie y nos estrellan contra la realidad de lo impredecible… porque nuestros modelos, por sofisticados que sean, siempre dejan algo fuera o asumen el letal supuesto ceteris paribus. Muy poca gente pudo prever la primavera árabe.

Pese a esto, usando técnicas estadísticas muy complejas y otros métodos basados en la teoría de juegos, estudiosos como el Dr. Bruce Bueno de Mesquita, de la Universidad de Nueva York, han aproximado con bastante precisión algunos resultados de sucesos políticos y sociales, aplicándose a temas que van desde el Programa Nuclear Iraní a los problemas del cambio climático aunque sus estudios y resultados (al no ser completamente públicos en sus procedimientos) son aún materia de controversia.

Hacia dónde vamos

little brother

portada de “Little Brother”

En la medida que los modelos se refinan, la capacidad de hacer previsiones se hace más y más robusta y en parte, esto se debe a nosotros mismos.

Pues si,  o ¿para qué creen que sirven las redes sociales?

En cierto modo, con tanta información personal siendo colocada diariamente en línea, la capacidad de rastrear nuestros patrones de comportamiento y convertirlos en una Gigántesca Base de Datos en crecimiento que, bien tratada (y he aquí un novel campo de investigación) puede revelar patrones macro que indiquen, con suficiente antelación la trayectoria que toman las transformaciones sociales. Esto es el campo del “Big Data” y donde, como nos mostró el gran Cory Doctorwow en Pequeño Hermano, rastrear a los posibles disidentes usando simples cambios en las acciones promedio no resulta difícil. Esto encierra una de las paradojas de la llamada “guerra contra el terrorismo” dado que, en un intento de defender las libertades que son amenazadas por las acciones de los terroristas, se considera a cualquier persona como sospechoso de estas acciones y se la vigila “por si acaso” pero esto, en cierto modo, configura la antítesis misma de lo que se pretende defender.

Por tanto, dos posibles escenarios de futuro se configuran: uno, caracterizado por una creciente dicotomía entre libertad y control y donde es muy probable que la primera se imponga, con consecuencias imprevisibles o un segundo, donde la apariencia de libertad prima y en medio de infinitas distracciones, los poderes que son siguen haciendo de las suyas, resulta una ironía extraña que las mismas tecnologías que nos pueden dar la psicohistoria terminen por convertirse en herramientas de nuestra esclavización, hay que estar prevenidos.

Por Isaac Robles

Imagenes:
Anglo Saxon Crystal Ball por spratmackrel
Cory Doctorow: Little Brother, por Idhren
Isaac Asimov painted portrait por Abode of chaos

Anuncios