Selección Breve 2 (Varios Autores)

To Oblivion

Nuestra nueva selección ya está aquí, con varios nuevos autores y más relatos inquietantes, disfrutad.

LA CASA VACÍA

POR ÓSCAR GALLEGOS SANTIAGO

 Aún resuenan en mi cabeza sus tentadoras palabras:

—Sí quieres poseerme, tendrá que ser en la casa vacía.

Desde entonces, la espero en este cuarto oscuro y con una ventana tapiada de ladrillos. De vez en cuando, escuchó voces soterradas de algunos de nosotros. El otro día sentí la voz de mi padre, muerto hace muchos años, que gemía de dolor y placer. Y ayer escuché una revelación: “Nos tienen aquí porque nuestro esperma alimenta a los seres debajo de la casa”. No sé si será cierto, y no sé si será mi padre el que grita ahora, pero alguien vino a colocar un tubo en mi glande y, con sus manos heladas, empieza a frotar.

TÚNEL EMOCIONAL

POR ENIDSA NOVOA HARO

  Llegó a la Estación Número 5, se colocó el casco de seguridad reglamentario y continuó el camino hacia el cumplimiento de su plan. Era el 3 de abril del año 2540.

Solo quería terminar con esa incertidumbre (era de las pocas personas que quedaban que aún guardaba los sentimientos —miedos y frustraciones—, la sociedad se había encargado de anular toda emoción).

Entró a su cuarto, era un cubículo. Estaba ahí su pequeño gato robot, lucía como un minino real y podía percibir ciertas energías. Al menos le acompañaba.

Todo en su pequeño cuarto era blanco, así sus pensamientos escapaban o se distraían. Le gustaba la calma y lo que ella podía ocasionar en el caos de su mente.

“Hubo alguien que me dejó esta sensación, estas ganas de ir hacia la totalidad sin saber cómo”.

Recordó el instante en que una parte de sí se volvió más humana. Miró por la ventana, como buscando respuestas. La vida le daba la espalda, pero él se vengaba de todo eso. Lo hacía guardando ese tesoro que se iba extinguiendo a su alrededor: las sensaciones que lo hacían sentir vivo,  la risa, el llanto, la adrenalina y el terror.

Ahora a sacar nuevamente la máscara para mantener con un escudo, cubierta, su esencia.

LA CITA

POR ADRIANA ALARCO DE ZADRA

Esperé por horas y horas, mi paciencia se acababa. No podía soportar que pasaran los minutos uno detrás de otro, sin saber de él. Me había jurado amor eterno, me ofreció todo lo que tenía; me hizo vislumbrar una vida sin penurias, colmada de pasión y de hermosura junto a él y yo lo espero aún… tic tac, tic tac…

El alma se escapa del cuerpo en torbellinos. Se va acercando el ocaso con su cielo de nubes rojas y esperanzas en el aire. La tormenta se aleja en el horizonte y luego la calma apacigua mi espíritu inquieto. ¿Pero, por qué no está conmigo?

Cuando por fin él llegó a la cita, encontró solamente una estatua de hielo que se derretía poco a poco, en medio de una fuente húmeda de lágrimas.

LA ESPERA[1]

POR  GERMÁN ATOCHE INTILI

  Lo aguardé muchísimo tiempo. Él tenía la costumbre de llegar siempre tarde. Estuvo a punto de perder varios trabajos; fue salvado por su buen desempeño y honestidad. No era más puntual con sus parejas o familiares. Demoraba en llegar a las citas cuarenta o cincuenta minutos siendo fiel a la premisa de lo bueno se hace esperar.

Me plantó infinidad de veces. Cuando parecía que por fin nos reuniríamos, halló una excusa para frustrar el encuentro. Tras varias décadas en este inútil vaivén, le impuse un ultimátum. Ahora somos felices juntos. Cuando me preguntan: “¿Cómo pudiste perseverar tanto tiempo?”, les respondo con naturalidad: “Lo esperé a él, así como te espero a ti. Es deber de la Muerte ser paciente con todos”.


[1] Publicado originalmente en el libro Alargoplazo. M i c r o f i c c i ó n (Edita El gato descalzo, 2012), descárgalo gratis en: http://wp.me/pjTg-1PF

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