CINE: La Belle Verte (1996)

La Belle Verte

poster del film

Ciencia ficción sin Ciencia ficción.

Muchas cosas se pueden decir acerca de este film dirigido por Coline Serreau (que también lo protagoniza, en el papel de Mila y compone la banda sonora) y varias de estas saltarán a la vista: que es una crítica bastante ácida al sistema social y que presenta consabidos elementos de la comedia de costumbres francesa, repleta de situaciones absurdas y personajes que rayan en lo caricaturesco.

Sin embargo y a pesar de lo anterioremente mencionado, es también indispensable reconocer los importantísimos elementos de ciencia ficción presentes en la concepción del film y los personajes y el mudo aunque indiscutible papel de la tecnología en esta. Ofreciéndonos quizá en un cierto modo lejano, un paralelismo al reconocido universo literario de Cordwainer Smith de La Instrumentalidad de la Humanidad.

Los primeros minutos del film son, sin duda los más jugosos y potentes en cuanto a trama, mensaje y conceptos de ciencia ficción. Inciándose con planos amplios que se centran de pronto en un hecho puntual y luego en las personas como conjunto, desplazándose hacia algún lugar de encuentro.

comunidadPor su vestimenta podríamos pensar que nos encontramos en una sociedad pre industrial o de cazadores recolectoras… hasta que oímos a los personajes hablar de planetas. Y es que la tesis que plantea Serreau está tomada casi letra por letra del célebre aforismo de Clarke, las tecnologías han desaparecido de ese ambiente, pero están profundamente imbricadas en las capacidades de las personas presentes (en particular en el plano psíquico, donde se pueden adquirir y transferir “programas” mentales que brindan ciertas habilidades peculiares) cosa que también se puede observar en el clima, perpetuamente estable, soleado y a la vez verde y finalmente, en la asamblea de personas, procedente de diferentes planetas sin que medien o aparezcan mencionadas naves espaciales. Por contraste (tal como se ve en una secuencia posterior) es a través de las capacidades mentales que le dan la capacidad de acceder a soportes de datos (como CDs), intervenir dispositivos electrónicos (como se puede ver en más de una disparatada secuencia), y comunicarse de manera inmediata con grandes distancias, aunque no se explica por qué se necesita tener contacto con el agua para lograrlo.

perdidos en la tienda de discoEs también importante notar la inclinación, sobre lo ya mencionado, al uso tecnológico con un fin esencialmente humanista y con una concepción social que se asienta mucho más entre el socialismo utópico y la anarquía primitivista fundamentada , cosa que es posible por la desaparición del animus de las personas del ingrediente fundamental para la aparición de la jerarquía y el capitalismo: La envidia. (algo difícil de ocultar en un mundo donde la transmisión de pensamiento es la norma)

Por explicaciones dadas por los mismos personajes a lo largo de la trama, se puede configurar una historia futura: La sociedad lanzó un masivo boicot contra las empresas que contaminaban el ambiente y fabricaban productos nocivos para la salud de las personas y los animales y plantas del planeta, son declarados culpables de estos crímenes y con esto, se genera un punto de quiebre que los lleva de regresa a una sociedad homeostática (es decir, adaptada dinámicamente a su entorno)

Presentes también están otros elementos fáciles de reconocer en esta anandada inicial de ideas: la firme creencia que la forma de vida de estas personas es superior a la de los terrestres (lo que, dado el estado de las personas que vemos, parece ciertamente plausible) lo cual se refleja en los pareceres de la protagonista al llegar a la tierra y hacer inferencias sobre el estado cultural de los terrestres e ir trabando contacto con las personas que se cruza e ir creando, inesperadamente, reacciones en estos que se ven abrumados por el cuestionamiento que se hace a sus “inatacables” convenciones de vida.

Y a partir de este punto de potente contraste cultural, la trama hace un punto de inflexión y escora hacia un terreno menos conceptual -y por tanto menos controvertido- en el que los personajes con los que traba contacto, en primer lugar la inocente enfermera de un hospital, Macha (una preciosa Marion Cotillard a los 21), su tirano jefe de pabellón, el Dr. Max Brown (Vincent Lindon) y la familia de este que constituye un ejemplo tópico de disfuncionalidad sin profundidad, de tal suerte que tanto el Dr. Brown como su esposa Florence (Philipine Leroy-Beaulieu). Sufren un shock traumático e inmediato y son presa de una “gran crisis” en la que, sin embargo, el drama (o el desgarramiento) está ausente, todo pasa como por agua tibia. Facilitado por una “desconexión” mental, motivada por una sonrisa que, más que placer, genera cuestionamientos.

Se establecen conflictos que se originan en los personajes: la crisis personal de Florence, el niño abandonado que Macha y su hermana, Sonia (Claire Keim) roban del hospital inducidos por Mila sin saber muy bien por qué.

Mila, Mesaul y MesajeLa comedia da un giro más marcado hacia lo absurdo con la llegada a la tierra de los hijos de Mila, Mesaul(Samuel Tasinaje) y Mesaje (James Thiérée), también capaces telépatas, pero que, por azares de la causalidad, terminan en medio de la sabana australiana, como huéspedes bienvenidos de los aborígnes, aquí la directora conecta su tesis original con la adaptación a su entorno que presentan estas tribus para establecer una analogía que algunos intelectuales podrían llamar “primitivismo” a secas, o PROGRESO = REGRESO.

Son finalmente estos dos quienes empujan la trama a trompicones hacia su desenlace, que podría haberse tardado mucho menos, pero que recala en una sucesión de secuencias cómicas que, a pesar de lo entretenido, no dejan de parecer estar allí solo con la intención de demostrar ser avant la lettre: violinistas bailando y cantando en un concierto de frac y jugadores de fútbol en el Parque de los Principes bailando ballet no parecen ser sino dos pequeños “experimentos sociales” sin consecuencias reales en el mundo del film. Las consecuencias reales tal vez estén dirigidas hacia nosotros, los espectadores, al ponernos de cara con el absurdo de muchos de nuestros “rituales” que seguimos sin chistar, sin recalar en el necesario asombro que acaso se pueda ver  en los últimos minutos del film, donde la despistada Florence llega a su casa y la ve convertida en una aldea, análoga a los pantallazos de la vida cotidiana en el planeta verde y como finalmente, Sonia y Macha son introducidas a la vida y la cultura de ese planeta libre.

En suma, un film de crítica social que usa los elementos de ciencia ficción para soportar su factura, pero que desconoce su herencia y finalmente, se hunde en su propio afán de trascendencia y es que a veces no basta con decir el qué, resultando tan o más importante tratar el “como llegar” pero como siempre, la opinión queda en manos del espectador, el cual, gracias al internet y a algún alma caritativa, se puede encontrar en vídeo líneas abajo.

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