RESEÑA: Cena en el Palacio de la Discordia

portada de "cena en el palacio de la Discordia"

Cena en el Palacio de la Discordia

Cena en el palacio de la discordia

Tim Powers

Siendo Tim Powers más conocido en su faceta de escritor del género fantástico, era de esperarse que alguna incursión suya en la ciencia-ficción no fuera tan buena como sus obras precedentes (Las puertas de Anubis, En costas extrañas). A pesar de haber obtenido el premio Philip K. Dick en 1986, la novela que nos ocupa no parece haber obtenido mayor resonancia.

No será por el argumento. Al contrario, Cena en el palacio de la discordia tiene un gran vuelo imaginativo. En un mundo postapocalíptico – en el cual conocer el nombre de una bebida gasesosa es señal de gran erudición -, se ha iniciado un culto religioso mesiánico, del cual es difícil escapar. El protagonista de la novela, una suerte de ex – cazarrecompensas, saldrá de su retiro al enterarse que una de las víctimas de este culto religioso es nada menos que quien pudo ser el gran amor de su vida, aparentemente olvidado. Deberá entonces utilizar sus dotes en la lucha para, cual héroe arquetípico, ingresar a los dominios del culto y rescatar a la doncella, enfrentando diversos peligros y monstruos (como las criaturas llamadas hemogoblins, curiosos vampiros que pueden adoptar la forma de sus víctimas mientras les absorben la sangre). Aparentemente muy tópico, pero Powers se da maña para darle más de una crítica a ciertas instituciones religiosas del presente, y para especular en torno al nacimiento de los cultos religiosos. No en vano las bases de este nuevo culto son la sangre y la administración del sacramento, droga cuyos efectos permiten a la secta crecer y aumentar su poder. El descubrimiento del verdadero origen de este culto es realmente sorprendente, un giro de imaginación muy bien realizado.

Lamentablemente, a pesar de tan buenas ideas, la novela tiene un inicio bastante lento y confuso, situación que mejora bastante hacia el final, haciendo que el lector se pregunte por qué Tim Powers no inició – y continuó – la novela de la misma manera. En todo caso, a pesar de sus defectos – el más grande de todos, la excesiva extensión de la primera parte -, la novela se deja leer, aunque no sea la mejor carta de presentación para el autor.

 

por Daniel Salvo

Anuncios