RELATO: ¿Migrantes o Rebeldes? Por Luis Bolaños

prohibited book

¿Migrantes o rebeldes?… he aquí el dilema

 Luis Antonio Bolaños de la Cruz

 Motivado por la lectura de Sandro Mezzadra (Derecho de fuga. Migraciones, Ciudadanía y Globalización), recordé a algunos de los patéticos humanos de la propuesta formador-mecanicista de Bruce Sterling y el deambular en simultánea sosegado y tenso del protagonista de “Reina Cigarra” por el sistema  y decidí establecer un cortocircuito entre ambos agregando una cucharada de obsesión y un par de líneas de “La función del Orgasmo” de Wilhelm Reich, este es el resultado.

Protocolos quebrados, leyes violadas, acuerdos escamoteados, científicos mercenarios dispuestos a encontrar justificaciones, medios de información inmorales, organismos de seguridad complacientes con los grupos de poder, ignorancia, indiferencia o cansancio de las multitudes, se coligaron y la catástrofe ambiental detonó con una deflagración potente que salpicó hasta el último rincón del planeta. Los ricos y muy ricos se mudaron al creciente cinturón de estaciones espaciales que rodeaba la Tierra, tan cierto que allá continuaron con sus crueldades habituales, explotando a los sirvientes que se llevaron como era de esperarse.

Pero abajo, en la piel sufriente del planeta, se produjo una separación drástica entre los que aún podían encerrarse tras mallas, domos, cercos o murallas y los que quedaban fuera. Los protegidos se aislaron cada vez más, respiraban otro aire, se nutrían de sus hidropónicos, de sus gelatinas de proteínas, de sus lagunas de nutrientes y tanques, hasta que alcanzaron a separarse de los procesos de envenenamiento que asolaban valles y montañas, enormes extensiones de océano eran pudrideros estériles y plantas y animales se apagaban deshilachando la trama biológica que nos había mantenido cual tapiz de vida sobre los biotipos, y apretaban los dientes mientras esperaban una oportunidad, pero el tiempo maduraba y pronto empezarían a abastecer al cinturón de un producto inapreciable e inesperado, tratando de convertirse en útiles sucedáneos del cinturón.

Era difícil para ambos grupos, confinados y exiliados, convivir en un mundo agonizante, donde la norma era la desaparición de especies y ecosistemas con las debidas consecuencias concomitantes, que provocaron (sobre todo en las nuevas generaciones de despojados) impactos atroces: las mutaciones y la teratogenia se expandían a tasas aceleradas, generando colecciones de monstruos, pero cuando por obra del horror ambiental ciertos desposeídos se adaptaron, adquirieron valor y se convirtieron gracias al horrible toque de Midas del capital en mercancías; las expediciones de cazadores salían de los domos para atrapar su prole y emplazarlos en cestos de criosueño que se lanzaban desde las antiguas bases como exportación no tradicional al cinturón.

Allí, con un futuro poco promisorio y de horizonte corto, los propietarios de las fábricas espaciales decidieron empezar a construir naves que explorarían las estrellas de tipo G relativamente cercanas hasta encontrar un lugar donde reiniciar la evolución humana, sonaba romántico pero era horrible, los crímenes ascendían en flecha, los asteroides fueron colonizados, la propia Luna perforada y barrenada para extraer minerales y construir túneles que fungían de ciudades; aquellos que arribaban desde la Tierra se usaron en un colosal experimento que si funcionaba podía atrasar el reloj de la extinción de la civilización homínida. Claro que a una visión puede contrastarla otra.

 &&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

 Soy Dragar161B-la&la, deseo transmitir una historia en simultánea con la ejecución de una megaorgía, mi cuerpo está diseñado para expresarse de manera matricial y aprender con la piel; para quienes penetro, lamo, chupo, acaricio, masajeo, mientras soy tratado con iguales métodos el zumbidillo neuronal acompañado de manchas fosforescentes que cabalgan por mi epidermis no nos distrae de nuestros menesteres sicalípticos, es probable que algunos otros también graben historias similares; por la forma como se articulan mis cuatro hemisferios cerebrales saltaré en lo temporal y en lo temático, rozaré la incoherencia y divagaré, pero a continuación entregaré una imagen global de lo que recuerdo e intuyo.

Crecemos en la oscuridad, donde desde el inicio quizás ya nos preparamos para la fuga. Suponemos que para migrar, según nos señalan quienes detentan el poder y a quienes concierne la elaboración de los protocolos científicos tanto del viaje como del mantenimiento grupal en el asteroide, pero… ¿será así o es algo que nos han plantado en las neuronas?.

Sobre nosotros se han operado diversos procesos reconstructivos y recombinativos. No ha bastado con la ingeniería genética o la cirugía, o con embutir nanomaquinas en sangre y sembrarlas en los nervios, o establecer nanosecuencias algorítmicas que se abran en encadenamiento retratados en órganos, huesos y músculos para otorgarles nuevas características, ni los bombardeos de sustancias que van desde interleukinas hasta antivirales pasando por destilados neuronales y  monoclonales (hay quienes musitamos que dichos conceptos corresponden a residuos pretéritos de experimentación y conocimiento, trocados en acercamientos fructìferos a una manera efectiva de diseñar exploradores espaciales específicos, para ingresar a entornos especiales y peligrosos, pero que se siguen considerando de una posible utilidad, acaso para terraformarlos, tal vez para extraer componentes y materias primas).

 Somos construidos para enjambrar, nos ensamblan en el interior de asteroides del cinturón de Van Oort, y allí en el frío extremo, nos deslizamos unos sobre otros, recibiendo y entregando fluidos, tocándonos y acariciándonos, nutriéndonos en mutua coalición y mezcolanza, promiscuos y poderosos, en unos cuantos meses solares alcanzamos la granazón. Se conoce de errores en la trascripción de los paquetes de información que nos inyectan, y de la hecatombe que trae consigo. El aprendizaje posee un propósito, para que lo comprendamos desde el inicio estamos conectados a la megared interplanetaria… y eso puede ser fuente de disturbio o de certidumbre.

 El discurso formativo fluye así: Nos han inculcado una “noción de fuga” que se intersecta con una “pulsión de viaje”, para alejarnos del sistema. No nos consideramos víctimas, somos conscientes del doble devenir: que el valor agregado proveniente de aquellos procesos mentales en ebullición emanados de las redes subjetivas creadas por el recíproco frotarse y eyacular y ser penetrado, ayudan a componer aquellos pensamientos en común que devienen en característicos de la colmena que somos, apoya a la conformación de un tejido denso y especial de relaciones sociales; y asimismo impulsa a que las instrucciones objetivas de corte técnico que marcan nuestro boceto corporal y quedan inscritas en órganos, genes y consignas, nos brinden entrambas en su confluencia, soporte psíquico para aguantar la dilatada erosión temporal y la nada ilimitada que nos aguardan en el vacío galáctico.

 Nos postulamos como sujetos heroicos, que demolemos el borde de la nada para transformarla en espacio habitable, que forjamos fronteras cósmicas inéditas, que nos hermanamos y somos capaces de sacrificio y guapeza, que comprendemos la necesidad de la especie para esparcirse por el espacio, pero no en su forma habitual por las limitaciones que conlleva y ese es el impulso básico que nos acicatea, y también nos estimula la segura adquisición de saberes, el sumergirnos en experiencias de repente aterradoras, con mucho de sublimes, que nos esperan en el insondable negror del desierto espacial.

 Empujados por una orden ciega pero acuciante, utilizamos los componentes del asteroide para transmutarlo en material útil, ya sea para nutrirnos, para armar panales, para combinarlos y constituir parte de la carga que trasladaremos u otros usos. Al agotar al asteroide debemos estar listos a romper la cáscara y expandirnos. Hay quien observando las filmaciones tomas de ese momento dicen que parecemos una legión de Ángeles oscuros, gráciles y no obstante formidables, que emergen de una explosión con pauta cual Vengadores, que hay belleza y un aroma a grandioso mientras nos organizamos para el periplo aventurero que nos deparará el destino.

 Podemos, por las placas de modificación energética que pululan por nuestra piel alimentarnos de la luz, y por las bolsas de los hombros tragar partículas y reconvertirlas en energía en el mini motor cuántico que nos adorna el espinazo del dorso. Un constante pulsar despliega y repliega alas en nuestras anchas espaldas. Ningún halterofilista en la superficie terrenal alcanzará la deliciosa definición y masa de deltoides y fibras musculares transversales que se anudan en ellas y que se redondean cual esferas en los glúteos.

 Apenas brotar nos apresuraremos en mover los aportes minerales del asteroide a las salchichas de containers construidos y articulados previamente y preparar las estructuras metaloorgánicas donde nos percharemos y descansaremos, luego encenderemos la furia de los mini agujeros negros que impulsan el conjunto (tosco pero funcional) y desde la central de mando situada al centro del armazón nos orientaremos hacia la ruta designada

 No todo se encuentra teñido con agradables colores, no hay que confundir nuestra partida con el exilio, la política que ha trazado y planificado nuestra germinación y desempeño parece jugar un papel muy lejano, no podemos interferir, tenemos la obligación de obedecer y seguir las instrucciones. Pero cuando los genes terráqueos retornan al galope al primer plano, la nostalgia nos devasta por haber perdido algo que nunca tuvimos, y es que continuamos siendo humanos a pesar o por encima de nuestras alteraciones. Por eso, la intriga y la pugna contra los mandamientos inscritos en nuestros cuerpos se conciben y se practican.

 Se rumora que en las camadas donde ha primado la idea de la partida como acto de vaciamiento orgiástico, la tentación de la rebelión es un fruto sabroso de morder. En aquellas que aceptaron la misión impuesta enfrentados al desconsuelo del exilio prefieren romper con el prometedor horizonte cognoscitivo que ofrece la odisea y con la salvación del destino de la especie humana que sería nuestra epifanía, y se ingresa a un árido cuestionamiento que culmina con frecuencia en enfrentamiento contra las órdenes emitidas y motín.

 De allí los fragmentarios informes que recogemos de la megared, sobre la presencia de cuadrillas que devastan y atacan las colonias mineras, las estaciones aisladas… comprendidos los mundo-discos y espaciopuertos principales, y si se da la oportunidad, incursionan inclusive en las cosmocleruquias que deberían protegerlas, a pesar de su poderío bélico, y hasta en los esferoides de placer atiborrados de técnicos, militares y centinelas, e incluso amenazan las propias incubaciones en los asteroides (se sospecha que han llegado a interrumpir alguna metamorfosis para sacarlos temprano a la insubordinación) y que el porcentaje de rebeliones es altísimo porque existe una falla básica irremediable en la articulación de nuestros cuerpos y mentes, quizás relacionado con la costumbre de contar historias a lo(a)s niñas originales que en algún momento se supone que fuimos, para extinguir el miedo e instalar el credo bélico-monacal que nos sustenta, pero la certeza del rumor no está comprobado.

 Al lento transcurrir del tiempo atribuyo que con constancia recordaré la necesario para culminar mi relato, a pesar de tratar de distraerme con las maniobras y tareas y de participar en los arracimamientos sensoactivos, retornando una y otra vez a considerar un aspecto que yace en el fondo de mi mente y que esquivo, que se extravía cada vez que intento asirlo: ¿desertar será igual a suicidio?… ¿o similar a autonomía?. Y si cuando eclosionemos abandono la navecuna y dejo que se aleje. Existe una novela en la base de datos que describe la vida solitaria de uno de nosotros que optó por esa solución, pero la creo exagerada, nadie querría perderse las recurrentes oleadas de placer que nos atraviesan los sistemas dérmico, nervomuscular y simpático al ejercer el sexo colectivo, estremeciéndonos al unísono y creando un ritmo que te sacude las moléculas mientras caes en éxtasis y aprendes. El sentido de pertenencia obtura cada canal de la conciencia y nos devuelve al grupo.

 Rememoro mis más lejanas evocacione y me invade la quimera de una percepción desenfocada, me veo como un niño miserable que sobrevive en los basurales periféricos del domo de una megaurbe, plagada de los problemas, despilfarros e iniquidades propias de una sociedad que se provoca a si mismo la devastación ambiental por codicia, negligencia o contumacia, que me recogieron al igual que a otro(a)s centenares de miles y nos intervinieron para reformularnos.

 La “Guía del Migrante Voluntario” que aprendemos remarca que ese es un falso recuerdo, que fuimos concebidos in vitro para una misión exclusiva, que cuando aparece hay que extinguirlo, ya que puede ser el inicio de una falla psíquica que entorpecería la labor de conjunto, que es una especie de virus que llega de la megared merced a la labor de zapa de opositores a nuestra misión, que aún subsisten en los intersticios sociales de la Luna o de las colonias. Que persistir es creer que somos inmolados para perpetuar una profunda maldad, un descarado cinismo.

 Si fuera cierta, la motivación económica (somos baratos de adquirir como cuerpos base) y política (expulsar posibles insurrectos de la superficie ya atestada del planeta tierra) sería una explicación, pero la certeza de la Guía es difícil de cuestionar en ese punto. Afirma que no hemos sido coaccionados, que gozaremos de libertad de elección. Que los “confeccionadores de emigrantes” no son dioses a quienes someterse sino tecnócratas capaces de concebir una ruta de salida a la crisis de la humanidad y que podemos contribuir a la misma. A momentos es imbatible la argumentación, pero luego reingreso al terreno de la duda. Y por los intercambios verbales -tras el de líquidos gomosos y destilados olorosos con que nos atosigamos en furibundos mete y saca-, somos cada vez más los que entrelazados en delirio, tras alcanzar el arrobamiento, laxos y ahítos de placer, le damos vueltas en el magín y lo compartimos.

 Un tufo a perplejidad y a complejidad nos envuelve, ¿nos obligan a migrar o nos brindan la posibilidad de elegir?, ¿que relaciones se tejen entre quienes surcamos la negrura y los que se quedan en el sistema?, ¿será cierta la solidaridad inherente a la toma de decisiones en un sentido y el egotismo chato en otro? No es fácil decidir, pero aún nos queda un lapso suficiente para cavilarlo, aún después de emerger, y antes de introducir las coordenadas de la estrella que visitaremos al cabo de un prolongado lapso de viaje, podemos cambiar de rumbo si así lo decidimos (lo que un antropólogo llamaría “desviarnos por el sendero de la violencia para repatriarnos a un país inexistente”), y entonces volver luego desde el exterior de la eclíptica para convertirnos en otra “cuadrilla de facinerosos” y arrasar con lo que podamos para contribuir a la caída del sistema que nos ha construido/armado/confeccionado, y a través de una decisión de máxima ironía, convertir el bandidaje en un acto de justicia poética.

 Soy Dragar161B-la&la y he dicho. Compruebo que mientras nos arracimamos en un postrer coito descomunal, antes del estallido que nos pondrá en ruta e iniciará el periplo al que se supone estamos designados, muchos también han emitido o se encuentran emitiendo sus relatos; sensaciones novedosas, estimulantes, tan sabrosas como las eróticas nos sacuden. No podemos permanecer neutrales, hay que decidir: o ser esclavos bajo la tiranía o incursores dispuestos a perecer en rebelde autonomía.

Anuncios