RESEÑA: La Chica Mecánica

La  chica mecánica (Paolo Bacigalupi)

Portada de "La Chica Mecánica"

Portada

En el siglo XXII, una catástrofe de alcance mundial ha dejado casi sin energía a la Tierra, además de una gran escasez de alimentos . El ingenio y la inventiva terrestre (que hacen un contraste terrible con los extremos de degradación humana que el autor nos ofrece en ciertas escenas) han hallado una solución provisional: el uso de energía mecánica, proveniente de animales genéticamente modificados, para retorcer hasta niveles moleculares un material que, bajo esas condiciones, libera energía que puede utilizarse para iluminar las grandes megápolis del futuro.

La locación de la novela, el reino de Tailandia, está pintado quizá con un exceso de pintoresquismo que los habitantes del llamado tercer mundo podríamos considerar tópico (mafias que tienen más poder que los gobiernos establecidos, costumbres inverosímilmente exóticas… caramba señor Bacigalupi, todos los seres humanos tenemos dos brazos y dos piernas, y no todos los pobladores del tercer mundo tenemos grabado genéticamente el odio a los anglosajones), además del hacinamiento y estrechez que igual podrían tener lugar en Nueva York o Melbourne… En todo caso, los anglosajones esta vez sí son los buenos, pues deben administrar contra viento y marea las plantas generadoras de energía eléctrica, muy bien descritas, y aquí si es adecuado el toque de exotismo que se logra al describir cómo se usan inmensos animales parecidos a elefantes para generar la preciosa energía que mueve al mundo. Entre estos buenos anglos, destaca Anderson Lake, encargado de la fábrica de energía, y al mismo tiempo, suerte de agente secreto cuya misión consiste en buscar nuevas variedades de vegetales, originales o desarrollados por piratas genéticos.

Adecuado es también el exotismo y lujo de detalles con el que Bacigalupi describe las maravillas (y pesadillas) que ha engendrado el uso indiscriminado de la ingeniería genética en el futuro que nos proyecta. Desde gatos con capacidad camaleónica que los hace capaces de desaparecer de la vista (por lo que popularmente se les ha bautizado como cheshires, en alusión al gato sonriente de Alicia en el país de las maravillas) hasta seres derivados del ser humano, pero diseñados para cumplir funciones específicas: es el caso de la chica mecánica del título, Emiko, una infeliz androide orgánica cuya función era proporcionar placer a su primer dueño, quien acabó por abandonarla en Tailandia, a cuyos habitantes inspira tanto deseo como odio, dado su procedencia (o manufactura) japonesa. Emiko es explotada como parte de un espectáculo decadente, recibiendo a cambio el mero derecho a sobrevivir.

Tanto la misión encomendada a Anderson como los deseos de Emiko por huir de la miserable explotación harán que sus destinos se unan, al igual que los de otros personajes (novela coral, que le dicen). Por momentos lúgubre, por momentos deslumbrante, La chica mecánica es una novela de ciencia ficción muy acorde con nuestro tiempo.

Es de apreciarse el hecho de que La chica mecánica ha sido distribuida fuera de las colecciones “de género”, tendencia que viene incrementándose últimamente.

por Daniel Salvo

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